Durante miles de años ser mayor era sinónimo de pobreza y fragilidad. Acercarse a los sesenta años suponía una salud y un físico precario que hacía imposible seguir siendo productivo. Los trabajos eran fundamentalmente en el campo o en la manufactura y al fallarles la vista o las articulaciones a los mayores se les apartaba por joven mano de obra, salvo honrosas excepciones en los gremios de oficios. Al mismo tiempo sin haberse inventado todavía los sistemas de pensiones, la vida de las personas mayores sin ingresos –ni medios para lograrlos– estaban abocadas a depender de la ayuda de sus hijos o de la beneficencia. No es hasta hace unas pocas décadas cuando se universalizan los sistemas de pensiones y, más recientemente, la desaparición de empleos penosos que exigen fuerza física en condiciones insalubres. También en los últimos cincuenta años hemos vivido un proceso de alargamiento de la vida pasando de esperanzas de vida de unos sesenta años a superar los ochenta años. De igual mane...
Los economistas tienen mala fama cuando el público piensa que la economía se basa en la codicia y en maximizar el beneficio, sin embargo, el economista Paul Heyne dijo que la moralidad tiene más que ver con las intenciones que con los resultados. Pensémoslo así: la persona que intentó atropellarte con su coche es moralmente más culpable que la persona que realmente te atropelló mientras intentaba llegar a la iglesia. Los economistas están entrenados para pensar en incentivos y consecuencias no deseadas. Heyne, por ejemplo, rechaza la afirmación "El hambre es una injusticia" . En términos generales, "nadie pretende el hambre de los demás" por tanto no hay injusticia. Un individuo que pasa hambre es el resultado de un complicado lío de decisiones que las personas han tomado, algunas tomadas por el individuo y otras externas a la persona hambrienta. Ese resultado no es inmoral. Paul Heyne fue un pionero en ayudar a la gente a entender a Adam Smith, quien con demasiad...