El 13 de noviembre de 1997, un nuevo casino abrió sus puertas en las Great Smoky Mountains de Carolina del Norte. A pesar del mal tiempo, se había formado una larga cola a la entrada y, como seguían llegando centenares de personas, el jefe del casino empezó a recomendar a la gente que se quedara en casa. Aquel interés generalizado no sorprendió a nadie. El Harrah’s Cherokee era y sigue siendo un casino enorme y lujoso, propiedad de la Tribu Oriental de Indios Cheroquis, que también lo gestionan, y su apertura ponía fin a una batalla política que había durado diez años. Poco después de la inauguración, quedó claro que la sala de juego de 3250 metros cuadrados, las tres torres del hotel con más de 1000 habitaciones y 100 suites, innumerables tiendas, restaurantes, piscina y centro de fitness no supondrían para la tribu su perdición sino su salvación. Tampoco se allanó el camino al crimen organizado. Los beneficios de U$S 150 millones en 2004 crecieron hasta casi U$S 400 millon...
A medida que la inteligencia artificial avanza, se agolpan las preguntas sobre qué impacto va a tener en el trabajo y en la sociedad. Muchos creen que reemplazará a los humanos como fuerza laboral y que acabaremos dominados por ella. Pero mucho del actual debate parece ser de un optimismo naíf. Nos dicen que cambiará todo para mejor. Pero cuando se rebate esa tesis, la respuesta generalizada es que el ser humano siempre se ha beneficiado de los nuevos descubrimientos, ¿por qué iba a ser ahora diferente? Sin embargo, ese argumento es falso. Las innovaciones siempre han generado conflictos en el pasado porque el control quedaba siempre en manos de las élites. La innovación no siempre favorecía al conjunto de la población. Si bien hoy disfrutamos de mayor prosperidad, se tiende a pensar que el camino ha sido recto. Ignoramos las dificultades para lograrlo. Por ejemplo, en el medioevo, los molinos de viento fue una tecnología revolucionaria que cambió la agricultura. Sin embargo, las condi...