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¿Quién le teme a la Inteligencia Artificial?


Dentro de diversos entornos académicos entienden el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) pero se debate sobre los peligros económicos y financieros que se avecinan estimulados por la incesante exageración en torno a esta tecnología, y la forma en que alimenta un auge de la inversión y un furioso repunte de las acciones tecnológicas.

En el MIT afirman que, por muy prometedora que sea la IA, hay pocas probabilidades de que esté a la altura. Calcula que solo un mero 5% de los empleos sería asumido, o al menos en gran parte asistido, por la IA en la próxima década. 

Si bien es una buena noticia para los trabajadores, es cierto que son muy malas para las empresas que invierten miles de millones en esta tecnología esperando que impulse un aumento de la productividad.


TRES ESCENARIOS

Los optimistas argumentan que la IA permitirá a las empresas automatizar gran parte de las tareas laborales y desencadenará una nueva era de avances médicos y científicos a medida que la tecnología siga mejorando. Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, una empresa cuyo nombre se ha convertido en sinónimo del auge de la IA, ha pronosticado que la creciente demanda por esta tecnología por parte de empresas y gobiernos requerirá un gasto de hasta U$D 1 billón para actualizar los equipos de los centros de datos en los próximos años.

El escepticismo sobre este tipo de afirmaciones ha comenzado a aumentar -en parte porque las inversiones en IA han hecho subir los costos mucho más rápido que los ingresos en empresas como Microsoft y Amazon-, pero la mayoría de los inversionistas siguen dispuestos a pagar elevadas primas por estas acciones para subirse a la ola de la IA.

Sin embargo, hay tres formas en que podría desarrollarse la historia de la IA en los próximos años.

El primer escenario, y el más benigno, prevé que la exageración se enfríe poco a poco y que se afiancen las inversiones en usos “modestos” de la tecnología. 

En el segundo escenario, el frenesí continua durante un año más o menos, hasta que se produzca una caída de las acciones tecnológicas que desilusione a inversionistas, ejecutivos y estudiantes. Sería la primavera de la inteligencia artificial seguida del invierno de la inteligencia artificial.

El tercer escenario, el más aterrador, es que la manía no se controle durante años, lo que llevaría a las empresas a recortar decenas de puestos de trabajo y a invertir cientos de miles de millones de dólares en IA sin saber qué van a hacer con ella, solo para tener que luchar por recontratar a los trabajadores cuando la tecnología no funcione. En ese caso habría resultados negativos generalizados para toda la economía.

¿Y cuál es el más probable? Una combinación del segundo y tercer escenario. En las conducciones de las empresas, hay demasiado miedo a perderse el boom de la IA como para que el frenesí pierda fuerza pronto.

Si bien los grandes modelos actuales como ChatGPT de OpenAI son impresionantes, los problemas de fiabilidad y falta de sabiduría o juicio humano hacen poco probable que la gente subcontrate a corto plazo a la IA para muchos trabajos de oficina. La IA tampoco podrá automatizar trabajos físicos como la construcción o la limpieza. Si pueden hacerlo en algunos lugares con cierta supervisión humana como la codificación.

En la revista Esquire de febrero de 1936, el escritor Francis Scott Fitzgerald acuñó una de las definiciones de la inteligencia más famosas de la historia. "La prueba de un intelecto de primer nivel es su capacidad de manejar dos ideas contrapuestas al mismo tiempo y aun así mantener la capacidad de funcionar", lo que refleja a la perfección la falsa dicotomía en la que está atrapado el debate sobre la tecnología. Unos sostienen que toda innovación es inherentemente buena porque ha sido la clave de la prosperidad del ser humano. Otros denuncian que toda innovación es inherentemente mala porque destruye empleos, invade nuestra privacidad, y puede exterminar a nuestra especie de la faz de la Tierra.


¿QUÉ HACEMOS?

Debemos ser capaces de manejar simultáneamente en nuestro cerebro dos ideas aparentemente contradictorias. Una, que tenemos mucha suerte de vivir en el siglo XXI, con todos sus avances en medicina, computación, biotecnología, inteligencia artificial... y, a la vez, que toda transición tecnológica tiene el potencial de dañar económicamente a millones de personas si no somos muy cuidadosos.

Una vez que se es capaz de manejar estas dos ideas a la vez, empiezas a hacerte las preguntas adecuadas. El verdadero debate no es si la tecnología es maligna o bondadosa, sino cómo conseguir que los avances beneficien a la mayoría de la sociedad, y qué normas, instituciones y reformas sociales necesitamos para alcanzar este objetivo.

Si analizamos el impacto de la tecnología en la sociedad -desde el Neolítico hasta nuestros días-, vemos que el progreso no es el resultado automático de la innovación, sino que requiere que la sociedad se organice para que sus beneficios se filtren a la mayoría de la población.


EJEMPLOS

En el ámbito educativo los profesores, los colegios y los alumnos no están preparados para la revolución que supone lanzar una herramienta de IA generativa tan poderosa, y menos sin un debate previo donde se cambie el marco actual en el que unos sostienen que la IA es el mayor avance desde que se inventó la rueda y otros replican que los robots asesinos nos van a esclavizar a todos. Así no se puede pensar. Hay que adoptar un enfoque "pro-humano" de la inteligencia artificial, donde la tecnología trabaje para nosotros, en vez de trabajar nosotros para ella.

Este enfoque pro-humano tiene dos soportes: 

1) Que la IA no sólo sirve para automatizar y destruir empleos, sino para ayudar a los trabajadores actuales a ser más productivos, aumentar el número de tareas que pueden ejecutar y, por lo tanto, estimular el crecimiento económico. 

2) Que la IA no dispare todavía más el control de la información que hoy poseen los gigantes tecnológicos, sino que estimule la participación de los ciudadanos y repare la erosión democrática que ya han sufrido docenas de estados liberales.

Pero la IA es una tecnología tan disruptiva que ni los legisladores más informados (que no son muchos)  entienden muy bien cómo funciona. ¿Qué les hace pensar que pueden regularla de forma eficaz?

La estrategia de la industria tecnológica se basa en dos pilares. 

1) Que todo avance tecnológico va a ser bueno para nosotros. 

2) Que nos guste o no se trata de algo inevitable, como un fenómeno meteorológico, así que debemos adaptarnos a ella sin condiciones, en vez de regularla. Y quienes no piensen así, afirman, son unos reaccionarios que pretenden frenar el desarrollo económico.


LIBRE MERCADO

Si usted cree en el libre mercado. ¿No opina que la regulación frena el progreso?

Si realmente cree en el libre mercado, tiene que estar muy preocupado por esta concentración de poder de las tecnológicas (Google, Amazon, Apple y Microsoft) que sofoca la competencia y la capacidad de innovar.

Ni en la época de los gigantes industriales como Standard Oil o Carnegie Steel, cuando dominaban sus sectores, absorbían a sus competidores y acallaban a sus críticos con dinero, estas empresas eran muy potentes, pero sólo dominaban un recurso físico. Ahora, las tecnológicas controlan toda la información, qué se sabe y qué se oculta, nuestros datos y nuestros movimientos.


COLORARIO

Parar la tecnología es imposible, pero el actual debate sobre la inteligencia artificial es de un optimismo naíf. La sociedad en su conjunto debe empezar a reflexionar sobre los desafíos de la IA. Es una tecnología muy poderosa, que junta elementos disruptivos parecidos a la invención de la imprenta, la máquina de vapor y hasta la bomba atómica.

Se parece a la máquina de vapor que destruyó mucho empleo y se tardaron más de 100 años en recuperar los trabajos que destruyó. Se parece a la imprenta porque puso en juego quién controla la información y es la herramienta más poderosa para moldear las narrativas y controlar el pensamiento de la población. Y, finalmente, se parece a la bomba atómica porque, aunque la energía nuclear sea un avance maravilloso, resulta tremendamente peligrosa si cae en las manos equivocadas.

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