Alrededor de quince años atrás el Black Friday era solamente una curiosidad estadounidense. Era simplemente un día que veíamos en las noticias de grandes ofertas con largas colas en centros comerciales de Estados Unidos. Hoy forma parte de nuestra vida.
Este fenómeno no solo mueve miles de millones de dólares/euros/pesos, sino que también transforma el comercio, afecta al empleo, altera los precios, presiona a las empresas e influye en nuestros hábitos.
El primer cambio importante fue mover las compras navideñas hacia finales de noviembre, transformando a este mes en el de mayor aumento de ventas minoristas. Esto no ocurría antes. El impacto no es solo en las tiendas físicas, sino que el comercio electrónico vive uno de sus picos anuales justo durante este evento. Sectores como tecnología, moda, electrónica de consumo y deportes pueden llegar a concentrar entre un 20% y un 30% de sus ventas anuales en estas fechas. El Black Friday mueve muchísimo dinero y lo hace rápido.
GANADORES Y PERDEDORES
Los grandes ganadores son las plataformas digitales (comercio electrónico) y las grandes cadenas que en esos días son los que más venden.
Las grandes tiendas pueden gestionar un volumen enorme de pedidos con depósitos asociados y una tecnología avanzada que predicen qué productos serán más demandados. Además, tienen acuerdos con fabricantes que les permiten ofrecer descuentos reales muy grandes y redes logísticas muy eficientes que son claves cuando los pedidos se disparan.
En los países centrales estas empresas corren con una especie de examen anual de aceleración y prueba de innovación con más robots, más automatización, más inteligencia artificial para prever ventas.
Del lado de los perdedores queda el pequeño comercio que debe aprovechar la ola para sobrevivir. Para el comercio local y las tiendas de barrio el Black Friday es un arma de doble filo. Por un lado, atrae clientes que de otro modo no comprarían y les permite ser parte de una tendencia o moda muy popular.
Pero, por el otro lado, les obliga a manejar descuentos que reducen sus ya ajustados márgenes y deben, para competir con los gigantes, hacer ofertas mucho más agresivas. El pequeño comercio participa para no quedarse atrás, pero no siempre gana.
Otra consecuencia importante del Black Friday es el aumento del empleo temporal que se crean para estas fechas especialmente en las empresas de logística y transporte, depósitos, repartidores de la última milla, atención al cliente y plataformas de comercio electrónico.
Sin embargo, los contratos suelen durar entre una y cuatro semanas, con horarios intensivos, alta presión y la mayoría de contratados no continúan después de la campaña.
EL CAOS DE LA LOGÍSTICA
La logística es el sector más afectado, durante estas fechas el volumen de paquetes puede aumentar hasta un 40%, lo que significa más camiones circulando, más repartidores en la calle, turnos más intensos en almacenes, más riesgo de retrasos y saturación. El crecimiento del comercio electrónico convierte a la logística en una pieza clave del Black Friday.
LA PSICOLOGÍA DEL CONSUMIDOR
El Black Friday promete descuentos irresistibles. Pero ¿realmente se ahorra tanto? ¿O simplemente gastamos más por impulso? La realidad es que funciona el efecto psicológico del descuento.
El reloj con la cuenta regresiva del final de la oferta, el mensaje de “solo quedan dos unidades”, el color rojo de los anuncios; todo funciona para las compras impulsivas. Muchos consumidores compran más de lo que necesitan porque creen que están ante una oportunidad única.
Gran parte del dinero gastado en Black Friday no es ahorro sino gasto adelantado de las compras navideñas. Lo que implica que no siempre gastamos menos, sino que gastamos antes atraídos por el marketing y la sensación de oportunidad.
Al mismo tiempo aumentan las compras en cuotas, los créditos rápidos y la financiación del "compra ahora, paga después”.
LAS COMPETITIVIDAD DE LAS EMPRESAS
Tampoco todo es color de rosas para las empresas que los descuentos agresivos del Black Friday afectan directamente a sus márgenes de beneficio en los balances al entrar en una guerra de precios.
La guerra de descuentos reduce el margen por venta, exige una gran planificación de inventarios, y favorece a quienes tienen más recursos financieros, afectando a las empresas más pequeñas que no pueden igualar esas rebajas sin perder dinero.
CONSUMO Y DISTORSIÓN
El Black Friday impulsa el consumo, pero también lo distorsiona. Varias veces ha habido denuncias de precios inflados antes del Black Friday, ofertas engañosas, rebajas que solo afectan a pocos productos y publicidad poco clara que no solo perjudica a los consumidores, sino a las empresas que sí trabajan con transparencia.
De todas formas, el Black Friday genera más ventas, mayor actividad en logística y transporte, más empleo, aunque sea temporal, más ingresos fiscales, mejora de la liquidez de las empresas y dinamiza la economía, aunque sea de forma puntual.
También tiene puntos negativos como la volatilidad en los precios, presión constante para competir en promociones, ingresos concentrados en pocas fechas y menos estabilidad en el sector comercial.
También hay quejas del impacto ambiental. Greenpeace afirma que aumenta el consumo de productos de vida muy corta, dispara el número de pedidos y devoluciones, genera grandes cantidades de embalaje e incrementa las emisiones por transporte.
El caso de las devoluciones es especialmente grave: en moda puede llegar al 30% de los pedidos. Cada devolución implica más transporte, más embalaje y, en algunos casos, productos que no se pueden revender.
El Black Friday es un fenómeno que llegó para quedarse y ha cambiado la economía de varios países con sus puntos a favor y en contra. El desafío es hacer el Black Friday más sostenible, transparente y equilibrado.

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