El imperio de los mediocres no es otra distopía más, sino de una hipótesis del canadiense Laurence J. Peter de la década del sesenta: "con el tiempo, todo puesto acaba siendo desempeñado por alguien incompetente para sus obligaciones" . Esto se explica porque al ascender a un trabajador eficiente se le concede unos cometidos para los que no está preparado. Luego otro canadiense, Alain Deneault, volvió a analizar el asunto en "Mediocracia" que se expandía sobre cuando los mediocres toman el poder. La conclusión era que, según el momento, cada cual acata las normas imperantes, sin cuestionarlas, con el único propósito de mantener su posición. Lejos de aquel camino del mérito y la sabiduría. Para Deneault no hay ámbito libre de mediocridad: académico, político, jurídico, económico, mediático o cultural. Cualquiera de ellos tiene a un mediocre que conduce. Es igual a lo propuesto por Platón del gobierno de los mejores, la aristocracia, pero al revés. En lo público, co...