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Mostrando las entradas con la etiqueta Laurence Peter

El imperio de los mediocres

El imperio de los mediocres no es otra distopía más, sino de una hipótesis del canadiense Laurence J. Peter de la década del sesenta: "con el tiempo, todo puesto acaba siendo desempeñado por alguien incompetente para sus obligaciones" . Esto se explica porque al ascender a un trabajador eficiente se le concede unos cometidos para los que no está preparado.  Luego otro canadiense, Alain Deneault, volvió a analizar el asunto en "Mediocracia" que se expandía sobre cuando los mediocres toman el poder. La conclusión era que, según el momento, cada cual acata las normas imperantes, sin cuestionarlas, con el único propósito de mantener su posición. Lejos de aquel camino del mérito y la sabiduría. Para Deneault no hay ámbito libre de mediocridad: académico, político, jurídico, económico, mediático o cultural. Cualquiera de ellos tiene a un mediocre que conduce. Es igual a lo propuesto por Platón del gobierno de los mejores, la aristocracia, pero al revés. En lo público, co...

La estupidez humana

Jorge Luis Borges entendía que el primer síntoma de la inteligencia es la estupidez, de modo que podría ser que la estupidez no fuese tan tonta. Para aprender de la estupidez propia antes hay que ser inteligente para saber que se es tonto, y si bien la inteligencia es un bien escaso, por contrapartida la estupidez abunda. El propio Buda eligió a Nanda, el único discípulo que no le entendía, para difundir su palabra entre los hombres. La estupidez abunda, pero ha sido poco estudiada. Sí abundan colecciones de aforismos y frases de gente célebres sobre lo estúpido que es todo lo que nos rodea. Sin embargo, le debemos todo a la estupidez. Sin ella ni siquiera hubiéramos nacido. Le debemos a ella el matrimonio de nuestros padres. El matrimonio, sin estupidez, no existiría, pensaba Erasmo en 1511. Los matrimonios se deben al enamoramiento, que es el estado más estúpido posible. "Cuanto más absoluto es el amor, mayor y más feliz es su delirio" . Nacemos gracias a la estupidez y, tr...