En tiempos de repliegue identitario, guerras culturales y soberanismo económico, la globalización se ha vuelto el blanco favorito de discursos que apelan a la nostalgia: por la patria perdida, por la soberanía erosionada, por la comunidad imaginada que alguna vez supimos construir. Pero estas críticas, aunque legítimas en su diagnóstico de las desigualdades y dislocaciones del mundo global, tienden a confundir el proceso con sus formas actuales. La globalización no es unívoca. No es un bloque monolítico al que podamos decir simplemente sí o no. Es, más bien, un campo de posibilidades —económicas, culturales, tecnológicas y éticas— que no hemos sabido habitar con inteligencia ni responsabilidad. EL MALESTAR DE LA GLOBALIZACION La crítica moderna a la globalización denuncia su carácter deshumanizante: su capacidad de reducir la cultura a mercancía, de disolver la comunidad en redes de intercambio abstracto, de transformar al sujeto en un consumidor deslocalizado, atrapado en la inmediate...